sábado, agosto 09, 2008

LA MUERTE EN LA EVOLUCIÓN (3)

El globo terrestre reúne una serie de características especiales que han permitido el desarrollo, poco a poco, sobre su superficie de sistemas vivientes.
Durante miles de años se produjeron importantes adaptaciones humanas a las diferentes regiones del planeta Tierra; el hombre -en el pasado- mantuvo un equilibrio natural con las plantas y animales que constituían su ambiente, pero con el crecimiento cultural y el consiguiente desarrollo de la tecnología aumentó su capacidad extractiva de recursos. La extensión de agricultura y ganadería condujo, paulatinamente, a una explotación destructiva de la naturaleza. El incremento de la tasa de natalidad, el perfeccionamiento del transporte, unidos a los avances mencionados con anterioridad hicieron factible el asentamiento urbano a gran escala.
Nadie duda de que el libro "Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural", publicado en 1.859 por Ch. Darwin, es uno de los más importantes que se han escrito; en él se expone la teoría de que los seres vivos han evolucionado durante millones de años a partir de formas ancestrales relativamente simples, así como una hipótesis explicando de que manera se produjo realmente este proceso.
Darwin se sorprendió al contemplar los cortes naturales de las Pampas (Argentina), en los que encontraba osamentas fósiles en cantidad considerable. Algunas de estas osamentas eran realmente gigantescas y pertenecían a animales extinguidos que formaron en su día la fauna de las Pampas. Darwin observó la semejanza entre estos fósiles y los esqueletos de animales vivientes en aquellas regiones que fue conociendo y empezó a pensar en la posibilidad de un parentesco.
Entendemos por fósiles los restos de seres vivos que vivieron en otro momento de la historia de la Tierra.
La idea de la "transmutación de las especies" no era nueva en sí misma y, por lo general, se la ha relacionado con el nombre del naturalista francés Jean Baptiste de Monet, caballero de Lamarck; aunque el abuelo paterno de Darwin, Erasmus, ya había sentado un precedente. Pero el mérito de Ch. Darwin estriba en la aportación del concepto "selección natural", que explicaba el proceso.
Cuando el naturalista, Ch. Darwin, regresó de su viaje en el "Beagle" estaba en edad casamentera, pero la idea de contraer matrimonio no le resultaba especialmente atrayente, según el psicólogo clínico británico Frank Tallis. De hecho no encontró ninguna razón para casarse y sí muchas para no hacerlo: menos tiempo para acudir a un club de caballeros, menos dinero para sus necesidades personales, aguantar a los familiares de su futura esposa, prescindir de aprender idiomas, adiós a los viajes, a caminar en solitario, dejar sus asuntos para pasear con su señora, etc. Me recordó a Rousseau que envió a todos sus hijos al orfelinato, porque eran una auténtica lata (¡qué pena no haberlo considerado yo en su debido momento!).
Sin embargo, el creador de la teoría evolutiva, pocos meses después padeció una peligrosa enfermedad, el enamoramiento
De repente, sufrió el consabido proceso de enajenación mental con el que se manifiesta esta patología, producido por su nociva prima Emma Wedgwood con la cual se "ahorcó" para generar 10 churumbeles como los que tanto estimaba Juan Jacobo. El segundo síntoma que se detectó, aunque todos surgen al unísono, fue la perniciosa amnesia selectiva que le hizo olvidar pensamientos anotados como "Encantos de la conversación frívola femenina y de la música -cosas buenas para la salud- pero menuda pérdida de tiempo" que fueron sustituídos automáticamente por "Creo que me vas a humanizar, a enseñar que existe una felicidad mayor que la de tejer teorías y acumular hechos en silencio y soledad"; a pesar de todo, recobró algun instante de lucidez en medio de tamaña locura: "Que pasa por la mente de un hombre cuando dice que está enamorado...es un sentimiento ciego".
Hemos comprobado que las grandes personalidades también son abatidas por los mismos males que el resto de los terrícolas.
Dos de los animales más investigados recientemente por científicos son la mosca y el ratón, debido a la similitud de sus genomas con el humano. Se descubrieron genes del comportamiento en animales que explican el instinto de unión en una pareja de individuos. Algunos genetistas invirtieron muchos días de su azarosa pero bella profesión para indagar si había un gen responsable de una conducta social. En diferentes laboratorios se identificaron 30 genes del comportamiento de los animales.
El ratón de la pradera fue sometido a experimento por parte de Catherine Dulac, profesora de biología molecular y celular del Howard Hughes Medical Institute, en Chevy Chase (Maryland).
El órgano vomeronasal u órgano de Jacobson es un auxiliar del sentido del olfato en bastantes vertebrados; se localiza en el hueso vómer, entre boca y nariz. Las neuronas sensoras dentro del órgano detectan distintos compuestos químicos, entre ellos feromonas (olores producidos por un individuo y detectados por otro de la misma especie si involucran una comunicación real que beneficia a ambos).
Eduardo Punset (El viaje al amor) escribe "en algún momento de la evolución se produjo una mutación que dejó a los humanos sin el segundo sentido del olfato". Sin embargo, no hay un criterio uniforme entre los especialistas y, mientras unos dicen que en las personas el OVN no es funcional, por falta de conexión con el cerebro, otros sugieren que no está atrofiado y resulta una realidad como en los ratones. En fin, misterios sin resolver.
Las neuronas vomeronasales del ratón son muy sensibles a bajas concentraciones de feromonas; no obstante, tras extraerle el gen que determina esta función, es incapaz de identificar el sexo de sus congéneres.
Hasta ahora, la diferencia de conducta entre géneros, se había atribuido al dimorfismo sexual cerebral; a saber, la existencia de circuitos neuronales distintos que determinaban el comportamiento de hembras y machos.
Pero si operamos el órgano de Jacobson de la hembra del ratón de la pradera, que inhibe el circuito neuronal para que ésta se dedique al cuidado de las crías, se comporta como un macho.
A pesar de todo lo expuesto, "no se ha podido demostrar que los humanos sean insensibles a las feromonas, sino más bien lo contrario, si se concede el valor que merecen a los experimentos de sincronización del ciclo menstrual en mujeres" (Eduardo Punset, opus cit.).
¿Por qué se enamoró Darwin cuando era opuesto conceptualmente a esta fechoría?
En la década de los sesenta ya se habían descubierto los neurotransmisores que son sustancias químicas que se vierten de una neurona (célula especializada en conducir y transmitir las señales eléctricas) a otra: cuando un estímulo eléctrico llega a la punta del axón (prolongación filiforme de la célula nerviosa), a través de las vesículas sinápticas (pequeñas esferas de 10-20 nm) se libera en la hendidura sináptica (espacio submicroscópico que hay entre las neuronas), y produce un cambio en el potencial de acción de la neurona postsináptica. La sinapsis permite a las neuronas comunicarse entre sí, transformando una señal eléctrica en otra química. Se puede afirmar que todas las funciones de la vida son controladas por los neurotransmisores. Los neurotransmisores más populares son la noradrenalina (también llamada norepinephrina) y la serotonina, responsables de nuestros cambios de humor.
La serotonina tiene relación con muchos trastornos cerebrales; juega un papel importante en la depresión (estado del ánimo que se caracteriza por sentimientos de tristeza) y la ansiedad, el sueño, la sexualidad, como inhibidora del enojo, etc.
Donatella Marazziti, profesora de psiquiatría de la Universidad de Pisa, en 1.999 realizó una investigación para averiguar si el trastorno obsesivo compulsivo tenía causas bioquímicas y comprobó que los niveles de serotonina estaban muy por debajo de lo normal en los pacientes afectados; además, se percató de que los susodichos padecían pensamientos obsesivos semejantes a los de las parejas enamoradas: capaces de estar ensimismados durante horas con una persona u objeto determinado.
La doctora Marazziti no se lo pensó dos veces y procedió a formar un equipo para explorar a los estudiantes universitarios bajo el síndrome del enamoramiento. Descubrió que en los recién conquistados descendía enormemente la testosterona (hormona sexual masculina) en los varones y se incrementaba en las hembras. "Es como si la naturaleza quisiera eliminar lo que pueda ser diferente entre el hombre y la mujer, porque es más importante sobrevivir y formar pareja en esa etapa”, explicó la psiquiatra.
Se escogieron chicos y chicas cuya relación de pareja fuese inferior a seis meses, obsesionados amorosamente al menos cuatro horas al día y que aún no hubiesen cabalgado sobre el sexo, porque el coito modifica los niveles de neurotransmisores. En este grupo, Marazziti observó también que los índices de cortisol (hormona del estrés) habían aumentado de forma notable en ambos, la serotonina cayó hasta en un 40% (igual que el trastorno obsesivo compulsivo) y otros cambios que impiden ver los defectos de la pareja.
He aquí la razón por la cual el corazón de Darwin fue atravesado por la flecha de Cupido: sufría enajenación mental turbulenta con trastorno obsesivo compulsivo transitorio de carácter benigno (los síntomas remiten tras un año de enfermedad; dos, en el peor de los casos).
En el 2.004 Donatella Marazziti publicó el libro "La natura dell' amore".

Ramón Pérez Poza