domingo, agosto 27, 2006

ANDANZAS DE LA MUERTE

Por el escrito "LA MUERTE" comentaba:

"En el Diálogo de Platón, mencionado anteriormente o en Apología de Sócrates, éste argumenta que no debemos tener miedo a la muerte, tanto si tras ella se esconde una vida eterna o, sencillamente, un sueño profundo.
¿A que temer entonces, si recordamos con agrado la noche en que mejor dormimos?. Con esta frase intentaba resumir el pensamiento griego en un artículo publicado en Diario de Pontevedra (1.971, aproximadamente) y en La Campana (1.978), Semanario de Información y Pensamiento Anarquista."

Dudaba entre dos Diálogos de Platón, y he aclarado cuál recogía el sutil pensamiento de Sócrates al respecto.

Efectivamente, Sócrates afirmaba que es absurdo el temor a la muerte. Y es que, según él, ningún humano sabe con certeza que sucede realmente después de la muerte, con lo que podría tratarse no del peor de los males que nos puedan suceder sino del mayor de los bienes. Es por tanto absurdo el temor a la muerte.Y no debemos temer a la muerte ya que es manifiesta nuestra ignorancia sobre lo que sucede después de ella.
Es importante hacer notar, que Platón no pone en boca de Sócrates ningún indicio acerca de su creencia en la inmortatidad. Sócrates parece confesar su ignorancia sobre el tema. Con ello, posiblemente, Platón nos quiera hacer resaltar que las ideas sobre la Inmortalidad, tal como aparecen, por ejemplo, en el Fedón, son propiamente del mismo Platón y no de Sócrates.

Leamos dos extractos de la Apología de Sócrates:

"En efecto, el temor a la muerte no es otra cosa que creerse sabio sin serlo: presumir saber algo que se desconoce. Pues nadie conoce qué sea la muerte, ni si en definitiva se trata del mayor de los bienes que pueden acaecer a un humano. Por el contrario, los hombres la temen como si en verdad supieran que sea el peor de los males. Y,¿cómo no va a ser reprensible esta ignorancia por la que uno afirma lo que no sabe? Pero, yo, atenienses, quizá también en este punto me diferencio del resto de los mortales y si me obligaran a decir en qué yo soy más sabio, me atrevería a decir que, en desconociendo lo que en verdad acaece en el Hades, no presumo saberlo.
Antes por el contrario, sí que sé, y me atrevo a proclamarlo, que el vivir injustamente y el desobedecer a un ser superior, sea dios o sea hombre, es malo y vergonzoso. Temo, pues, a los males que sé positivamente sean tales, pero las cosas que no sé si son bienes o males, no las temeré, ni rehuiré afrontarlas."

A continuación el segundo, que aparece hacia el final de la Obra:

"Pero aún puedo añadir nuevas razones para convenceros de que la muerte no es una desgracia, sino una ventura: una de dos: o bien la muerte supone ser reducido a la nada, y por ello no es posible ningún tipo de sensación, o de acuerdo con lo que algunos dicen, simplemente se trata de un cambio o mudanza del alma de éste hacia otro lugar.
Si la muerte es la extinción de todo deseo y es como una noche de profundo sueño, pero sin ensoñar, ¡maravillosa ganancia sería! Es mi opinión de que si nos obligaran a escoger entre una noche sin sueños pero plácidamente dormida, con otras noches con ensoñaciones o con otros días de su vida,que después de una buena reflexión tuvieran que escoger qué días y noches han sido los más felices, pienso que no sólo cualquier persona normal, sino que incluso el mismísimo rey de Persia, encontraría pocos comparables con la primera. Si la muerte es algo parecido, sostengo que es la mayor de las ganancias, pues toda la serie del tiempo se nos aparece como una sola noche.
Pero si la muerte es una simple mudanza de lugar, y si, aún más, es cierto lo que cuentan, que los muertos están todos reunidos, oh jueces, ¿sois capaces de imaginar algún bien mayor?".

La filosofía surge en Grecia a comienzos del siglo VI a de C; y como el resto de las culturas antiguas se asentaba en el mito, transmitido por los poetas, especialmente Homero. La ilíada y la Odisea son epopeyas heroicas; celebran las hazañas de una generación ya desaparecida que era capaz de realizar cosa imposibles para los hombres; sus valores corresponden a una edad que todo lo juzga a la medida del héroe; los poemas son un eco de hechos que conmovieron en el pasado, compuestos como un segundo acto que siguió a la guerra, cuando los conquistadores iban instalándose en sus nuevos dominios, los aedos o rapsodos entretenían a sus amos recitando proezas de sus antepasados.
A través de complicadas y extensas narraciones, doctrinas sobre los dioses, sobre las fuerzas que intervenían en los acontecimientos cósmicos y humanos, el mito ofrecía respuestas acerca de la naturaleza y destino del hombre, del surgimiento y estructura del cosmos.




Ramón Pérez Poza

miércoles, agosto 16, 2006

LA MUERTE

Nacimiento y muerte pertenecen igualmente a la vida y se contrapesan. El uno es la condición de la otra (Nada existe sin su contrario nos dice Platón en "Fedón o de la Inmortalidad del Alma", si mal no recuerdo, como siempre en boca de Sócrates , protagonista de todos sus "Diálogos"). Forman los dos extremos, los dos polos de todas las manifestaciones de la vida. Esto es lo que la más sabia de todas las mitologías, la de India, expresa con un símbolo, dando como atributo a Siva, dios de la destrucción, al mismo tiempo que su collar de cabezas de muerto, el linga, órgano y símbolo de la generación. El amor es la compensación de la muerte, su correlativo esencial, se neutralizan, se suprimen el uno al otro. Por eso los griegos y los romanos adornaban esos preciosos sarcófagos que aún vemos hoy con bajorrelieves figurando fiestas, danzas, bodas, cazas, combates de animales, bacanales, en una palabra, imágenes de la vida más alegre, más animada, más intensa, hasta grupos voluptuosos y hasta sátiros ayuntados con cabras.

Su objeto era evidentemente llamar la atención al espíritu de la manera más sensible, por el contraste entre la muerte del hombre, quien se llora encerrado en la tumba, y la vida inmortal de la naturaleza.

En el "Diálogo" de Platón, mencionado anteriormente o en "Apología de Sócrates", éste argumenta que no debemos tener miedo a la muerte, tanto si tras ella se esconde una vida eterna o, sencillamente, un sueño profundo.

"¿A que temer entonces, si recordamos con agrado la noche en que mejor dormimos?" .Con esta frase intentaba resumir el pensamiento griego en un artículo publicado en Diario de Pontevedra (1.971, aproximadamente) y en La Campana (1.978), Semanario de Información y Pensamiento Anarquista.

Schopenhauer, el pensador más lúcido que conozco, afirmaba:

"La muerte es el desate doloroso del nudo formado por la generación con voluptuosidad. Es la destrucción violenta del error fundamental de nuestro ser, el gran desengaño."

Y lo explicaba así:

" La individualidad de la mayoría de los hombres es tan miserable y tan insignificante, que nada pierden con la muerte. Lo que en ellos puede aún tener algún valor, es decir, los rasgos generales de humanidad. Eso subsiste en los demás hombres. A la humanidad y no al individuo es a quien se le puede asegurar la duración".

Y más adelante concluye sobre este aspecto:

"Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el infinito. En el fondo, toda individualidad es un error especial, una equivocación, algo que no debiera existir, y el verdadero objetivo de la vida es librarnos de él".

Pero de lo que suelen olvidarse los filósofos es del sentimiento, de que los individuos cuando fallecen suelen estar rodeados de una serie de familiares y amigos, los cuales sufren con su dolor, enferman con su enfermedad e incluso mueren con su desaparición. Ya el genial Unamuno dijo algo como esto: "hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento", con razón. No vivimos solos y, al tiempo que nos cercan personas capaces de aprovecharse de nosotros o nuestros bienes, o astutos seres siempre pendientes de los convencionalismos sociales, hay un grupo íntimo de allegados, bien por parentesco, afinidad ideológica o amistad, que forman una unidad de dolor en torno al desaparecido o en vías de extinguirse. Yo no me siento un Schopenhauer capaz de matar la individualidad y sustraerme a la tristeza que me produce el padecimiento o la muerte de un ser querido. No puedo evitar llorar desconsoladamente ante estos hechos: soy un ejemplo del "error" que denunciaba ese gran pensador. Para mí el sentimiento está por encima del pensamiento; o dicho de otra forma, le puede.

Por eso, si algún acontecimiento necrológico se produce en el ámbito de mis relaciones, me siento enormemente solidario con quien lo padece. Tengo ganas de compartir, consolar o también alegrar -aunque parezca que no procede- esas vidas paralelas a la mía, que sufren con el luctuoso evento.

Sin embargo, la existencia continúa y es preciso olvidar lo que ya no es; y persistir en el camino que no será muy largo, como acabamos de comprobar. Nuestro compromiso es la felicidad porque acercarnos a ella es todo lo que tenemos: y nada más.