domingo, julio 20, 2008

LA MUERTE EN LA EVOLUCIÓN (2)

El veintinueve de abril de 1.770 el barco del Capitán Cook ancló en una bahía de Australia, ese país lejano. La expedición de James Cook tenía un carácter científico: recogieron y catalogaron numerosos y extraños ejemplares de plantas, en el transcurso de ocho días de minucioso e intenso trabajo. Dieciocho años después empezó la masiva llegada de colonos, interesados exclusivamente por la supervivencia y el enriquecimiento, sorprendidos por el desfile de animales tan curiosos como los marsupiales que trasladan a sus crías en una bolsa ventral. Estas migraciones humanas trajeron consigo la importación de ganado ovino, que entraba en clara competencia con los herbívoros autóctonos por el pasto que les sirve de alimento. Y al hombre, siempre tan inteligente, no se le ocurrió mejor cosa que la matanza de los más grandes competidores; y además, para rizar el rizo -como decirse suele- convirtieron la cacería en un cruel deporte:
"Los canguros machos, en vez de escapar, se vuelven de cara a sus perseguidores y se les enfrentan irguiéndose al máximo, y, si es posible, buscando apoyo para su dorso en el tronco de un árbol. Entonces se enfrentan los perros que se les acercan, a quienes tratan de golpear con su poderosa pezuña trasera, o, incluso, agarrarlos con sus patas, y así inutilizados, propinarles terribles zarpazos; perros viejos y muy acostumbrados a esta tarea, aunque nunca se acercan, se ocupan de acorralar al canguro y mantenerlo a raya con sus ladridos hasta que llega el cazador. Éste está provisto, por lo general, de un palo pesado con el que golpea la cabeza del canguro hasta que consigue matarlo". (Gilbert, naturalista de la época).
Los hombres debemos tomar conciencia de que somos animales tan importantes como las cucarachas y, por tanto, hemos de aprender a convivir con el resto de los seres vivos.


Lo que llamamos tiempo, sin saber de lo que tratamos, pero convencidos de que lo sabemos, está propiamente engarzado y confundido con cualesquiera hechos y lugares del acontecer humano y de lo que en él hace; no obstante, la relación del tiempo con la muerte y acciones o pasiones libidinosas, resulta peligrosamente inflamable.
La formación camina en pos de la involución del conocimiento. El lago de la ciencia se ha ensanchado a causa de nuevos ríos que en el mismo desembocan e incrementan su volumen. La evaporación es el olvido necesario que disminuye el caudal del saber para seguir siendo: para nuestra supervivencia es preciso que no desborde.
La metáfora del poeta Jorge Manrique "nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar que es el morir" no contaba con los salmones que suben contra corriente hacia el origen: viene a ser capacidad para el desaprendizaje. Cada vez que ponemos algo en práctica comprobamos la falsedad de nuestra verdad. "Solo sé que no sé nada", decía el valiente filósofo Sócrates (469-399 a. C.) que sentíase superior al resto de los mortales porque sabía que no sabía.
En oposición al Mito, Aristóteles (384-322 a. C.) afirmaba la eternidad del mundo aunque admitía a Dios como motor inmóvil de un mundo que ni había creado ni conoce: únicamente se conoce a sí mismo y conviene en que ésta es su exclusiva actividad. También consideraba que el fin último, la meta del ser humano consiste en alcanzar la felicidad, la que se elige por sí misma:
"Si la felicidad es una actividad ejercida conforme a una capacidad, es razonable que se trate de la capacidad más perfecta de la parte mejor del hombre. Ahora bien, la parte mejor del hombre es la razón o como quiera que llamemos a aquella de nosotros que por naturaleza parece ser la más excelente y natural y poseer la intelección de las cosas bellas y divinas; pues la razón es o algo divino o, ciertamente, lo más divino que hay en nosotros. Por tanto, su actividad -según la capacidad que le es propia- será la felicidad completa." (Ética a Nicómaco).
Mayor gozo resulta de escuchar de labios de Tom Kirkwood (ejerce de gerontólogo en la Universidad de Newcastle, Gran Bretaña), uno de los mayores expertos en genética y evolución del envejecimiento: "no estamos programados para morir". Es una acumulación de daños, un deterioro molecular el que marca los límites de la longevidad:
"Si se examina el cuerpo de una persona agónica, se observa que todas sus células y órganos intentan que el cuerpo siga vivo. ... el mensaje de la muerte tarda en extenderse por todo el cuerpo, de manera que durante minutos u horas tras la muerte del cuerpo todavía quedan células vivas. Se ha demostrado que si se extrae un órgano del cuerpo de una persona que acaba de morir para transplantarlo, el órgano sigue vivo unas horas. ... Por tanto, las células de los órganos luchan por su supervivencia en un cuerpo muerto. ... El cuerpo envejece y muere ... porque no puede sobrevivir indefinidamente." (Cara a cara con la vida, la mente y el Universo, Eduardo Punset).
No hay una frontera biológica: "es una gran falacia. ... Y, de alguna manera, la ausencia de límite absoluto en la duración de la vida está relacionada con la ausencia de un programa. A medida que comprendamos el proceso de envejecimiento llegaremos a la vejez en mejores condiciones que las generaciones anteriores. ... El record mundial de longevidad humana es de ciento veintidós años y cinco meses. ... se batirá." (opus cit.) .


Los minerales acompañan al hombre en su evolución como poderosos auxiliares de su actividad, caracterizando a veces su forma de vida.
Un mineral es un compuesto natural de material sólido inorgánico, con una composición química formada por uno o varios elementos.
Si observamos con perspectiva científica el paisaje que tenemos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que es el resultado de un lento y continuo proceso de transformación ocurrido durante millones de años.
La ciencia que estudia los minerales y sus propiedades físico-químicas es la Mineralogía.
Teofastro (372-287 a.C.), discípulo de Aristóteles, puede considerarse como fundador de esta disciplina.

Los minerales, en condiciones favorables de formación, pueden adquirir formas geométricas definidas; es decir, tener un orden interno y externo tridimensional. El orden interno que tienen casi todos los minerales se manifiesta a menudo externamente -como ya indicamos- en fomas geométricas regulares, al mineral que las adopta se le denomina cristal.
No obstante, el término cristalino se debe utilizar sólo cuando el mineral tiene una distribución interna ordenada, pero su forma externa es irregular.
La palabra "cristal" tiene su origen en el nombre que le daban al hielo los antiguos griegos.
La ciencia que estudia los cristales se llama Cristalografía.
Las referencias más antiguas en relación a la forma cristalina y la naturaleza de las caras de los cristales se hallan en la "Historia Natural" de Plinio.

Después de estudiar medicina en Copenhague, el naturalista y anatomista danés Niels Steensen, más conocido por su nombre latinizado Nicolás (o Nichaola, o Nicolaus) Steno (1.638-1.686), visitó Roma en 1.660, "trabajó en la isla de Malta en 1.664" ( www.fosil.cl/evolucion1601.html ) y se estableció en Florencia en 1.666. En 1.669 comparó los ángulos de las caras de varios cristales de cuarzo (El De Solido intra solido naturaliter contento dissertatinis prodromus) y descubrió que estos ángulos siempre eran iguales. Esta conclusión es la primera ley fundamental de la Cristalografía y se conoce como ley de Steno, ley que fue confirmada en 1.783 por Romé de l' Isle, quien midió los ángulos con un simple goniómetro.

Los cristales se forman a partir de una disolución o de un medio fundido en determinadas condiciones de presión y temperatura.
Si en un recipiente con agua se disuelve sal (cloruro sódico) de cocina y luego se deja evaporar el agua, se observará que se va concentrando lentamente la disolución y disminuyendo la cantidad de agua hasta desaparecer totalmente.
Entonces será fácil percatarse de que han cristalizado unas formas sólidas geométricas que anteriormente hemos nominado cristales.
Si la evaporación se realiza de una manera rápida (calentando la disolución), se obtiene materia cristalina; porque sólo tendría tiempo para ordenarse internamente.

La formación de otros cristales de minerales se produce al descender la temperatura del magma fundido, igual que los cristales de hielo se forman al hacerlo la temperatura del agua. Ya en 1.611 el astrónomo Kepler publicó un artículo titulado "La nieve hexagonal". Aunque el auténtico inicio de la Cristalografía se produjo en 1.784 con la publicación de "Essai d'une théorie sur la estructure des cristaux" por el profesor René Just Haüy, un ensayo teórico sobre la estructura cristalina a partir de sus observaciones de la exfoliación de la calcita.

No está de más recordar que el agua líquida es incolora, inodora e insípida; pero en grandes cantidades presenta un color azulado. Además, resulta una buena acumuladora de calor en la naturaleza, gracias a su alto grado de evaporación, equlibrando las fluctuaciones térmicas (el mar tarda más que la tierra en calentarse y enfriarse, y el vapor de agua en la atmósfera favorece el almacenamiento de la radiación solar por su efecto invernadero). Sin embargo, en su forma sólida, es un mineral por su perfecta cristalización al alcanzar el punto de solidificación: 0º.



Ramón Pérez Poza

sábado, julio 19, 2008

LA MUERTE EN LA EVOLUCIÓN (1)


Siempre me llamó la atención un habitante de la sabana africana que, a decir de los entendidos, constituye un lugar ideal para el estudio científico de los animales en su medio; se trata del licaón (lycaon pictus), un típico representante de los cánidos (mamíferos carnívoros con 5 dedos en sus patas delanteras y cuatro en las traseras, como el zorro, el perro, el coyote o el lobo) que ha desarrollado al máximo las facultades estratégicas y persecutorias. Es un animal infatigable de aspecto enjuto y ligero, cuya anatomía está fundamentalmente al servicio de la resistencia en la carrera; como armamento dispone únicamente de sus largas mandíbulas y completa dentición para la caza de herbívoros. No obstante, su menudo tamaño le ha convertido en un cazador social; a saber: lo hacen en manada, lo cual implica un gran desarrollo de la inteligencia, así como una rígida jerarquización de las hordas. La eficacia es tan grande que un grupo de licaones puede vencer al mismísimo león, rey de la selva; por tanto, a nadie extrañará verlos correr tras las perisodáctilas cebras a las que atacan con frecuencia. Otro de sus bocados preferidos es la gacela de Thomson de la que capturan un elevado porcentaje de machos territoriales. Pero lo más sorprendente de los licaones es su vida comunitaria; por ejemplo, cuando los padres de unas crías se ausentan, otros toman el relevo para su cuidado. Practican asiduamente la solidaridad, una cualidad algo olvidada por muchos seres humanos. Forman un equipo perfecto.


Las armas antiguas fueron las manos, uñas y dientes,

y las piedras y las ramas de los árboles.
Al conocerse el fuego,
después el hierro y el cobre.
Pero el cobre se usó antes que el hierro.

(De Rerum Natura, Tito Lucrecio Caro, siglo I a. C.)


La Historia reconstruida únicamente con fuentes arqueológicas deriva de rebuscar en el subsuelo vestigios que permitan averiguar lo que sucedió en un pasado remoto en los lugares excavados. Lo ocurrido dejó sus huellas escritas en la tierra, pero es preciso saber interpretarlas.
El primer paleontólogo, Charles Doolittle Walcott, descubrió en 1.909 la más preciada de las localidades fósiles: Burgess Shale, donde las Montañas Rocosas de Canadá. Sin embargo, malinterpretó el significado sobre la historia de la vida de uno de los mayores hallazgos de la Paleontología. Fueron necesarios más de 20 años de estudios anatómicos a los animales de esa cantera que encontró Walcott a una altitud de casi 2.400 metros dentro del Parque Nacional de Yoho, para recomponer el rompecabezas que ofreció nuevas perspectivas a la teoría evolutiva.
Resulta sorprendente la versión tradicional de los hechos que escribió el profesor Charles Schuchert, por cuanto concede al azar el mayor protagonismo:

"...el caballo de la Sra. Walcott resbaló mientras descendía por el sendero y dio la vuelta a una laja que llamó de inmediato la atención de su marido. Había allí un gran tesoro, crustáceos completamente desconocidos del Cámbrico medio...a unos mil metros sobre el pueblo de Field."

También cabe preguntarse: ¿cómo es posible que más de 80.000 ejemplares de cuerpo blando del Período Cámbrico hayan podido conservarse durante 530 millones de años, aproximadamente?. No obstante, la ciencia da una explicación convincente: resumiendo, una corriente turbia provocó una avalancha de fango que privó a los restos fósiles de la oxidación que los habría corrompido.


El 12 de febrero de 1.809 (año en que se publica "Filosofía Zoológica" de Lamarck) nació Charles Robert Darwin.
Con la teoría de la evolución se establece una concatenación que vincula al hombre con los demás seres vivos, y además se impone como ley de la existencia, no la estabilidad sino el cambio a lo largo del tiempo. Tales conceptos provocaron una revolución tan violenta en el campo de las ideas, que obligó a la revisión de los sistemas filosóficos, sociales y religiosos hasta entonces sostenidos.

"Al principio creó Dios los cielos y la tierra. la tierra estaba desierta y vacía. Había tinieblas sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas" (Génesis 1, 1-2).

El 15 de julio de 1.817 murió la madre de Charles R. Darwin y, en adelante, sería educado por su hermana mayor, Carolina.
Los descubrimientos de Charles Darwin constituyen la clave de la nueva biología que ya no se desentiende de las relaciones entre las especies ni del porqué de su diferenciación ni de su ubicación geográfica o temporal.

"Y los bendijo Dios, diciéndoles: procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra" (Génesis 1, 27).

El pueblo hebreo no destacó, precisamente, en las artes y las ciencias; aunque el autor del Pentateuco, Moisés, tuvo acceso a la biblioteca egipcia. Por eso, sus ideas básicas satisfacían plenamente a los hombres primitivos y simples, llenos de fantasías.
Es imprescindible tener una visión ecológica de la prehistoria de la humanidad para poder demostrar que la evolución del hombre está dirigida por su entorno.
A pesar de que han pasado casi 200 años desde el nacimiento de Darwin y 150, aproximadamente, desde que escribió "El Origen de las Especies", la idea que tenemos de nuestro lugar en la naturaleza, se encuentra condicionada por el ancestral mito cristiano. La antigua creencia de que la historia de la creación descrita en la Biblia tuvo lugar en el año 4.004 a. C., se vino abajo, se cayó -¡y se calló!- por el peso de la teoría evolutiva. Y me temo que ningún eminente teólogo se atreva a resucitarla so pena de hacer el más espantoso ridículo, por ignorante.
El desarrollo del pastoreo y de la agricultura cambió de manera fundamental el equilibrio que había previamente entre el ser humano y su contorno. Se domesticaron algunos animales y otros fueron alejados de los pastos y campos de cultivo; los predadores del ganado eran -y son- mantenidos a raya. El hombre empezó una vida sedentaria y, como consecuencia, se incrementó la población. A partir de aquí la humanidad ha sojuzgado a la naturaleza y ha concluído, actualmente, en la ocupación de todas las zonas disponibles de la superficie terrestre.
Con frecuencia olvidamos nuestro origen natural, amparados por esa tecnociencia en el camino de convertirnos en seres de laboratorio. Pero cuando un tercio de nosotros pasa hambre, descubrimos que nuestra vinculación con la madre natura es aún muy grande y que seguimos viviendo en el mismo planeta que hace millones de años.


La teoría de la evolución descubre los mecanismos que han actuado sobre los seres vivos hasta llegar a las formas actuales. Hace pocos años el hombre consideraba a la naturaleza como un bien inagotable puesto a su servicio por el famoso precepto bíblico del que ya hemos hablado. Pero el primero que se equivocó fue Dios mismo, a pesar de la omnisapiencia que se le suponía, está claro que se le escapó el calentamiento global, la capa de ozono, la superpoblación de la Tierra, los abonos químicos, los insecticidas, la lluvia ácida, el derretimiento de los polos, la contaminación, la radioactividad, etc.; es decir todos los problemas que hoy estudia la moderna ecología. Comprendo que no es fácil imaginar ciertas cosas cuando el Planeta sólo estaba habitado por Adán y Eva; sin embargo, cabía esperar más de Él.
Un frío día, 20 de diciembre de 1.831, salía del puerto de Plymouth (Inglaterra) el velero HMS Beagle -cuyo nombre forma parte ya de la historia- luchando contra las olas encrespadas por el fuerte viento que soplaba. Su capitán, Robert Fitzroy , era el responsable de 66 marineros y un ilustre pasajero: Charles Darwin, estudiante de medicina fracasado, que iniciaba un viaje que cambiaría al mundo.
No obstante, el buque hubo de volver al muelle. Aquel navío, bastante viejo, de tan sólo 242 toneladas no consiguió ganar mar abierto. Tras otro intento fallido al día siguiente y varias jornadas de espera, el 27 del mismo mes logró surcar el océano Atlántico. Se trataba de una expedición científica "que tenía como principal objetivo levantar un plano de la parte sur de la Tierra del Fuego y regresar por las Indias Orientales" (Rene Anaya, Revista de Geografía Universal nº. 4, Noviembre 1.977).
Ch. Darwin contaba 22 años cuando empezó esta andadura marina que debería haber durado tres años, pero se prolongó durante cinco. Como cualquier hijo de vecino que se embarcaba por primera vez en alta mar, se vió atacado por fuertes mareos que le obligaban a permanecer en su hamaca la mayor parte del tiempo, pensando -seguramente- quien le había mandado meterse en tanto "jolgorio".
El Almirantazgo había solicitado un naturalista para el recorrido por el hemisferio sur, a pesar de la oposición paterna Darwin aceptó el envite, que le habría de servir para recabar una información fundamental, base de sus teorías evolutivas.



Ramón Pérez Poza